DAMIAN WINTER
El sonido de su "sí" fue la pieza final encajando en su lugar, el clic de una cerradura abriendo un futuro que, hasta que ella apareció, ni siquiera sabía que deseaba. Las lágrimas que corrían por su rostro no apagaban su belleza; era la mujer más hermosa que existía en el universo.
Deslicé el anillo en su dedo y pareció encontrar su lugar. Verlo ahí, en su mano, era una marca. Mía. Ella era mía. Y yo era irrevocablemente, incondicionalmente, suyo. Me levanté y ella se lanzó a mis