No era un llanto suave. No era el tipo de llanto que se contiene con fuerza o se disimula con un suspiro.
Era un llanto del alma.
De esos que se ahogan en la garganta como un grito imposible.
De esos que nacen del centro mismo del pecho y desgarran desde dentro, arrancando cada pedazo de dignidad, dejando solo dolor.
Asha se cubrió el rostro con ambas manos. Temblaba.
Como si le doliera respirar.
Como si cada bocanada de aire fuera una cuchillada en las costillas.
Ellyn quiso ir hacia ella, su