Samantha recibió la llamada con el ceño fruncido, como si desde el primer segundo hubiera sentido que aquello no sería una buena noticia.
Su corazón palpitaba con una mezcla de ansiedad y furia contenida.
Al otro lado de la línea, Aranza hablaba sin pausa, con veneno en cada palabra.
—Federico fue a hablar con su abuelo —decía—. Y le dijo que Ellyn tuvo una hija... ¡Una hija suya! Que se la ocultó durante años.
Samantha se quedó en silencio. Sus dedos temblaban al aferrarse al teléfono.
—Dicen q