Una semana después
El cielo estaba cubierto por nubes grises cuando Melissa y Sebastián llegaron al cementerio.
El viento fresco se colaba entre las ramas desnudas de los árboles, sacudiendo las hojas secas que crujían bajo sus pasos. El ambiente parecía acompañar la solemnidad del momento.
Melissa llevaba un ramo de rosas blancas, frescas, delicadas, que contrastaban con la dureza del mármol de la tumba de la abuela de Sebastián.
Al llegar, Melissa se arrodilló con cuidado y colocó las flores s