En el hospital.
El sonido del monitor marcaba un ritmo sereno, casi burlón frente al caos que habitaba dentro de Melissa.
Estaba acostada en la camilla, con una vía intravenosa conectada a su brazo y el corazón, latiéndole con fuerza, no por la urgencia médica… sino por la tormenta que la desgarraba por dentro.
—Señora, por favor, debe calmarse —le dijo una enfermera con tono firme pero comprensivo—. El bebé puede verse afectado si no respira profundo.
Melissa asintió, apenas. Lo intentaba. De v