La música se detuvo de golpe. Un zumbido eléctrico recorrió el aire.
Las luces comenzaron a parpadear con violencia, lanzando destellos intermitentes que dibujaban sombras espectrales en las paredes. Por un instante, el salón entero pareció contener el aliento… y entonces, llegaron los gritos.
Primero, aislados. Luego, crecientes. Una masa de voces llenas de pánico.
El dulce aroma a pasteles y flores fue reemplazado por un olor denso, agresivo. Humo. Negro. Aplastante.
Se colaba por las rejillas