Federico unió su frente a la de Ellyn con una delicadeza desesperada.
Aspiró su aroma floral, ese perfume suave que siempre lo desarmaba, y acercó sus labios a los de ella, peligrosamente cerca, como si estuviera dispuesto a arriesgarlo todo por un segundo más a su lado.
—Por favor, Ellyn… —susurró con voz temblorosa— déjame cuidar de Asha. Quiero ser un buen padre. Déjame amarte con ternura, perdona mis errores. Esta vez… juro que seré el mejor hombre para ti, y un gran padre para nuestra hija.