El silencio opresivo volvió a apoderarse del jardín trasero del hospital después de que Livia pronunciara su última frase. El aire nocturno, cada vez más helado, parecía congelar también la atmósfera entre ambos, dejando suspendido el eco de una verdad dolorosa. La brisa soplaba con suavidad, arrastrando algunas hojas secas sobre el suelo, pero incluso el más mínimo sonido se sentía ahora como un estruendo que golpeaba sus oídos.
Damian seguía inmóvil en el mismo lugar, como si toda la fuerza