Cerca de la una de la madrugada...
Las luces del laboratorio digital seguían encendidas con intensidad.
La lluvia arreciaba en el exterior, golpeando los ventanales del edificio con un ritmo monótono. Sin embargo, nadie en aquella sala le prestaba atención.
Todas las miradas estaban fijas en la pantalla de la computadora forense.
Ra permanecía sentado frente al equipo principal.
Sus dedos se movían con rapidez sobre el teclado, ejecutando distintos procesos para atravesar, una a una, las capas