Damian apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, conteniendo la tormenta de emociones que se desataba dentro de su pecho. La culpa, la rabia y el arrepentimiento se mezclaban en un solo sentimiento, provocando un latido insoportablemente doloroso bajo sus costillas. Aquella verdad era demasiado cruel. Saber que su esposa se había marchado cargando una herida tan profunda por culpa de un malentendido de aquel entonces lo hacía sentirse completamente paralizado.