Livia asintió. Aquel simple movimiento le pesaba como si el recuerdo de esa mujer fuera una carga inmensa sobre su nuca. Las lágrimas que hasta entonces había logrado contener comenzaron a correr con más fuerza, empapando sus demacradas mejillas. Había luchado por reprimirlas, pero al recordar lo ocurrido siete años atrás, justo antes de decidir ocultar su verdadera identidad, aquella herida pareció abrirse de nuevo.
—Lo vi todo. Te vi quedarte inmóvil entre sus brazos. Te vi disfrutar de cad