El silencio volvió a envolver el pasillo del hospital.
Pasaron varios minutos.
Nadie decía una sola palabra.
Todos mantenían la mirada fija en la puerta de la UCI.
Esperando que el tiempo trajera por fin una buena noticia.
Nadie se atrevía a abandonar su lugar.
El pasillo que apenas unos instantes antes estaba lleno de gratitud, ahora volvía a estar dominado por la ansiedad.
Lo único que se escuchaba era el zumbido del aire acondicionado, los pasos ocasionales del personal médico y las