El documento seguía en las manos de Damian.
Pero sus ojos ya no estaban leyendo realmente.
Aquella única página parecía haber borrado todos los sonidos a su alrededor.
El encargado de la sala de archivos seguía de pie al otro lado del escritorio, incómodo, pero Damian no lo escuchaba.
Nada entraba en su mente.
Nada era importante.
Solo quedaba un único punto de atención: el nombre escrito en aquel documento y una relación que jamás debería haber existido.
—Esto... es imposible —murmuró