—¡Desfibrilador! ¡Ahora!
La voz del médico desgarró el aire como cristales rompiéndose.
El desfibrilador que ya habían preparado fue presionado de inmediato contra el pequeño pecho de Starla. Junto a la cama, el monitor seguía mostrando una línea casi recta que se extendía sin ritmo alguno. Un sonido largo y aterrador. Una señal que nadie quería ver jamás.
—¡Ajusten a 50 joules! ¡*Clear!*!
*¡Pum!*
El pequeño cuerpo de Starla se sacudió sobre la cama por la descarga eléctrica.
Pero la lín