—Mamá...
Aquella voz era apenas audible. Débil, ronca, como si hubiera sido arrancada a la fuerza de un cuerpo que había sobrevivido demasiado tiempo al límite de sus posibilidades.
Livia dio un paso al frente de inmediato y se inclinó sobre la cama.
—Sí, cariño... Mamá está aquí. Mamá está a tu lado.
Las manos de Livia temblaban al acariciar la mejilla de Starla, que aún permanecía fría.
El monitor junto a la cama seguía emitiendo un sonido constante, mostrando un ritmo sinusal lento per