Los pasos de Livia resonaban suavemente por el largo corredor del edificio del tribunal.
El sonido de sus tacones golpeando el piso de mármol se distinguía con claridad en medio del bullicio que comenzaba a disiparse. Algunos abogados seguían yendo de un lado a otro con expedientes en las manos, mientras varios periodistas que poco antes habían llenado la sala de audiencias abandonaban lentamente el edificio tras enterarse de que el juicio había sido aplazado oficialmente.
La audiencia, e