En otro lugar, alguien se detuvo en un rincón oscuro del corredor.
Las luces del pasillo parpadeaban suavemente, proyectando largas sombras sobre el frío piso de mármol. Aquella tenue iluminación hacía que cada rincón pareciera ocultar a alguien observando desde las sombras.
Su respiración era irregular.
Sus dedos, ligeramente temblorosos, sujetaban con fuerza el teléfono celular, como si temiera que el pequeño aparato pudiera escapársele de las manos.
Miró varias veces hacia atrás.
A la