Después de todo lo que había pasado, después de haber perdido toda esperanza, él la tenía allí una vez más, oliéndola, tocándola, sintiéndola, ¿era esto real o un sueño?
Bastián rasgó el traje de sirvienta de Carmen, un tirón y los botones salieron disparados en todas las direcciones, con todo y el broche delantero del brasier, dejando los pechos de Carmen expuestos para su deleite.
Él se hundió entre esas pequeñas y deliciosas montañas, succionando, saboreando y mordisqueando, mientras que C