— Te amo Bastián y siempre lo he hecho, siempre te he amado… — Repitió Carmen, cuando de pronto sintió las grandes manos de Bastián que la apretaban por los brazos con fuerza, casi al punto de lastimarla, como si él se sostuviera de ella, mareado.
— Aun… ¿Aun con todo lo que he hecho? — Bastián tragó grueso, arrugando el entrecejo.
— ¿Qué? — Está vez fue Carmen quien lo observó, confundida, por esa pregunta.
— Carmen, no soy… No soy bueno y lo poco bueno que he hecho, no lo hice de buena vo