(POV de Catalina)
—Si estoy pagando tu precio, Catalina, tienes que asegurarte de que la mercancía no sangre antes de abandonar la montaña —siseó Julián, con la suave elegancia sureña evaporándose por completo en una urgencia desesperada y sigilosa. Los dedos se le apretaron en la lana de los bolsillos, con los ojos avellana deslizándose hacia la sombra que se acercaba de Alejandro—. Haz el arreglo. Sácala del recinto en silencio, antes que yo. Si está a mi lado cuando se cierren las puertas de