(POV de Julián)
Las pesadas puertas de roble gimieron sobre las bisagras de hierro detrás de nosotros, pero mis ojos permanecieron clavados en el arrugado y sonriente rostro de Catalina. La revelación de la profecía quedó suspendida en el aire helado entre nosotros, más densa que el humo de los hogares. Mi mente, habitualmente una cuadrícula ordenada de lógica y comercio, se fracturaba bajo el enorme peso de lo que acababa de entregarme.
Si Sofía era la primera estirpe, la soberana verdadera, e