(POV de Julián)
El rugido de la gran galería de recepción me golpeó como un golpe físico al salir de los corredores inferiores. El aire era una mezcla sofocante de carnes asadas, hidromiel derramada y el pesado y agrio olor de demasiados Alfas apiñados en un solo salón de piedra. El corazón me seguía latiendo con un ritmo feroz e irregular contra las costillas, pero forcé la postura a adoptar un desgarbado y tranquilo abandono, metiendo las manos en los bolsillos del abrigo de seda azul al rein