(POV de Sofía)
La lluvia finalmente había amainado en una miserable y heladaneblina, pero el aire seguía sabiendo a hierro húmedo y sangrevieja. Observé el rostro de Alejandro mientras los ojos le recorrían el pergamino arrugado que el jinete de Patrick habíaentregado. El raro destello de vulnerabilidad cruda y rota que me había mostrado momentos antes en la orilla del río desapareciótan rápido que se sintió como una ilusión. Las facciones se le endurecieron, volviendo a la rígida e inflexible