(Perspectiva de Sofía)El olor de las gardenias siempre me daban ganas de vomitar. Era el perfume de mi madre, el olor de la funeraria y, ahora, el aroma de la gala de la victoria del Alfa.Estaba junto a la mesa del bufé, con la seda del vestido arañándome la piel, que se sentía demasiado tensa. Al otro lado del salón de baile, Tomás Montoya —Alfa de la Manada North Ridge y el hombre que había desmantelado sistemáticamente el legado de mi padre— se reía. Parecía un rey. Actuaba como un dios.Era el hombre al que iba a matar.—No dejes que el champán se te suba a la cabeza, Sofía —una voz áspera resonó a mi lado.No me volví. Reconocía la cadencia de mi hermano, Javier. Era el único que sabía del frasco escondido en mi liga. —Estoy bien, Javier. Solo admirando el panorama.—Me estás mirando el cuello como un lobo que acecha a un conejo —siseó, agarrándome el codo—. Sonríe. Parece una debutante, no una asesina. Si los guardias detectan tu adrenalina, las dos estamos muertas antes del p
Ler mais