ADAM
El policía dobló por una calle más angosta, casi me rosaban las rodillas. Llegamos hasta una casita de dos pisos.
—Es ahí—bajé a Holly conmigo, el policía bajó también—¡Kyría Triantafyllou! —(¡Señora Triantafyllou!
—Ya escuché, ya escuché—una viejecilla salió de la parte superior, con un trapo limpiándose la boca—¿Qué quieres? —fue osca.
—Aquí hay una embarazada.
La señora no vio a Holly, simplemente hizo un gesto.
—Súbanla.
—No se preocupen, la señora Triantafyllou es muy buena, esperaré