HOLLY
—Espera, Adam, no seas imprudente—intenté correr tras él, pero era demasiado rápido para mis piernas cortas, maldición.
—¿Por qué no pueden ser como las personas decentes y llamar cuando van a venir? —abrió de un tirón la puerta—¿Qué demonios hacen aquí? —chistó Adam.
—¡Hola, hijo! —Cherise entró primero, abrazando a Adam.
Tras ella, Dominic se hizo presente, apenas y llegué, tomé aire.
—No puede ser, hijo—bramó Dominic— ¿tienes una hija adolescente de la cual no sabíamos.
—¡¿Qué?! —Adam