ADAM
Eros llegó a casa, mirándome amenazante.
—No me mires así, tenía que deshacerme de ella.
—Tu vida privada está entorpeciendo mucho la imagen del corporativo.
Coloqué mis puños en las caderas.
—No es cierto—él reparó en el delantal que tenía puesto—. Aquí no es el corporativo.
—Como sea, tienes suerte de que vaya a salvar tu maldito trasero.
—Oliva no hará nada—lo invité a tomar asiento en la mesa—, la conozco, aprobaré el cheque que hayas expedido, más una cantidad de la cual no podrá prot