La noche había bajado sobre Londres como una cortina de terciopelo negro, pesada y silenciosa. En el interior del penthouse, solo quedaban el murmullo lejano del tráfico, el zumbido suave del aire acondicionado… y el corazón de Abril, golpeando contra su pecho como un tambor de guerra.
Leonard la miraba desde la penumbra de su habitación. La luz de la lámpara recortaba la silueta de su cuerpo, con la camiseta gris apenas cubriéndole el torso. Las mangas se ajustaban a sus bíceps como si las desa