Las doce horas se arrastraron como años. Nadie durmió. Carmen preparó café tras café mientras Gabriel monitoreaba constantemente su tablet esperando el mensaje. Daniela revisaba y re-revisaba equipo de grabación, cámaras ocultas, dispositivos de rastreo, como si prepararse meticulosamente pudiera controlar el resultado.
Valeria y Enzo se quedaron mayormente en silencio, sentados en el sofá de la sala, sus manos entrelazadas, ninguno queriendo admitir el miedo que los consumía: que el Consorcio m