Valeria pasó la tarde sentada en el estudio del segundo piso, mirando por la ventana sin realmente ver nada. Abajo escuchaba movimiento: Carmen preparando comida que nadie comería, Gabriel hablando por teléfono con alguien sobre no recordaba qué, el murmullo ocasional de Enzo e Isabella conversando en la sala.
El sonido de sus voces juntas le revolvía el estómago.
Carmen la encontró allí cerca de las tres de la tarde, entrando con dos tazas de té que colocó sobre el escritorio.
—No he comido té