La tarde del lunes transcurrió en una nebulosa de revelaciones que convertían la situación de imposible a absolutamente catastrófica.
La mesa del comedor se había transformado en algo que Carmen reconocía de sus días en el CNI: un cuarto de inteligencia improvisado. Mapas desplegados sobre la superficie de roble, fotografías dispersas como cartas de póker, documentos clasificados con sellos de Interpol que técnicamente ninguno de ellos debería estar viendo. Diagramas organizacionales trazados a