El sábado amaneció con cielos grises que amenazaban lluvia pero nunca la entregaban, dejando el aire pesado y eléctrico.
Valeria observó desde la ventana del salón cómo las nubes se acumulaban sobre Madrid, densas y oscuras, prometiendo una tormenta que parecía tan inevitable como esquiva. El clima reflejaba perfectamente el estado emocional de la casa: tenso, sofocante, esperando la descarga que nunca llegaba.
Isabella no había salido de su habitación desde la noche anterior.
Carmen había inten