Enzo hizo la llamada a las nueve de la mañana.
Debería haber sido domingo. Debería haber despertado con resaca de champán y el cuerpo de Valeria enredado con el suyo entre sábanas de hotel de lujo. Debería haber planeado desayuno en la terraza, tal vez otra sesión lenta y perezosa de sexo antes de considerar vestirse.
En cambio, estaba de pie en el apartamento fortificado de Carmen, mirando café que se había enfriado hace una hora, con la foto vandalizada de su boda sobre la mesa como evidencia