La oscuridad de las dos de la madrugada tenía esa cualidad particular que convertía cada pensamiento en una obsesión. Valeria observaba el techo del hotel parisino con ojos que se negaban a cerrarse, su mente reproduciendo en bucle la imagen de Carmen levantando cuatro dedos. Cuatro vidas. Cuatro personas que morirían si no encontraba respuestas que no tenía.
A su lado, Enzo dormía con esa respiración irregular que indicaba que sus sueños no eran más pacíficos que la vigilia de ella. Habían regr