Enzo llegó al Hotel Villa Magna en diez minutos. No recordaba el trayecto. Solo la furia blanca que había reemplazado todo pensamiento racional.
El lobby era todo mármol y arañas de cristal, elegancia que contrastaba violentamente con la tormenta que traía dentro. Vio a Bianca inmediatamente. Estaba sentada en uno de los sofás de terciopelo azul, copa de vino en mano, sonriendo como si estuviera esperando exactamente esto.
Como si lo hubiera planeado.
—Enzo. —Su voz era miel envenenada—. Sabía q