Valeria no se movió durante cinco minutos completos después de que las luces volvieron a encenderse. Se quedó congelada en medio del taller, escuchando el silencio, esperando que la puerta volviera a abrirse, que alguien saltara de las sombras.
Nada.
Solo el zumbido de las lámparas fluorescentes y el latido salvaje de su corazón.
Marcó el número de Carmen con dedos temblorosos.
—¿Val? ¿Qué pasa? Son las doce y—
—Alguien estuvo aquí. En el taller. Ahora mismo.
—¿Qué? ¿Llamaste a la policía?
—No s