Valeria observó la pantalla mientras Bianca lloraba para las cámaras. Lágrimas perfectas que no arruinaban su maquillaje. Voz quebrada en los momentos exactos. Era una actuación magistral.
—Apágalo —dijo finalmente.
Lucía obedeció. El silencio que siguió fue más ensordecedor que cualquier acusación.
—Nunca trabajé con ella en Milán —dijo Valeria, su voz sorprendentemente calmada—. Hace tres años yo estaba construyendo mi marca aquí en Madrid. Nunca he estado en Milán profesionalmente hasta el vi