La luz matutina se filtraba a través de las ventanas de la casa con esa claridad dorada que solo las mañanas de noviembre sabían ofrecer a Madrid. Valeria observaba desde su posición en el sofá del salón cómo las partículas de polvo danzaban en los rayos de sol, creando patrones hipnóticos que contrastaban brutalmente con el caos que rugía en su interior. El teléfono descansaba sobre la mesa de centro como una granada sin detonar, su pantalla iluminada con el mensaje que acababa de llegar.
Isabe