La luz de las lámparas de araña del Palacio de la Zarzuela se reflejaba contra las paredes de piedra caliza con una intensidad que parecía diseñada para revelar verdades que habían permanecido ocultas durante demasiado tiempo. Valeria observaba desde su posición junto a la ventana cómo la noche se extendía sobre Madrid, transformando la ciudad en un mar de luces que parpadeaban con una indiferencia casi insultante ante lo que acababan de descubrir.
Detrás de ella, el silencio en la sala privada