El Centro Penitenciario Madrid I se alzaba como una fortaleza de hormigón y alambre de púas contra el cielo plomizo de la tarde. Valeria observó la estructura desde el asiento trasero del coche blindado, sintiendo cómo cada metro que la acercaba a esas paredes grises le robaba un poco más de oxígeno a sus pulmones. No había pisado una prisión desde los interrogatorios del caso Consorcio, y la sola idea de volver a respirar ese aire viciado de encierro y desesperación le revolvía el estómago.
Per