La morgue del Hospital Universitario La Paz olía a desinfectante industrial y algo más oscuro, más definitivo. Valeria atravesó las puertas dobles de acero inoxidable sintiendo cómo el aire frío le golpeaba el rostro con una precisión quirúrgica. Cuarenta y cinco minutos. El reloj digital sobre el mostrador de recepción marcaba las 5:15 PM, y cada segundo que transcurría era otro paso más cerca del abismo.
Viktor la esperaba junto a una mesa de acero donde descansaba un sobre manila sellado con