La mariposa se posó sobre la rosa blanca con una delicadeza que parecía burlarse de la tensión que saturaba cada centímetro del jardín. Lorenzo observó el movimiento de sus alas —naranja y negro en patrones que la naturaleza había perfeccionado a lo largo de milenios— mientras sus propios pies continuaban moviéndose sobre el sendero de grava con pasos medidos, controlados, ensayados hasta la perfección durante las últimas seis horas.
Respiró profundo, llenando sus pulmones con el aire matutino d