El sótano reforzado había dejado de ser un refugio para convertirse en una sala de guerra improvisada. Las tres de la madrugada marcaban el reloj digital en la pared, pero nadie había cerrado los ojos desde que el cristal de la cocina había explotado cinco horas antes. La luz LED que imitaba la claridad natural creaba sombras inquietas sobre los rostros reunidos alrededor de la mesa plegable que Morales había desplegado en el centro del espacio.
Lorenzo estaba de pie junto a esa mesa, con una ta