Mundo ficciónIniciar sesiónEl domingo amaneció gris y frío, como si el cielo mismo estuviera de luto. Valeria no había dormido. No podía. Cada vez que cerraba los ojos veía a Enzo golpeando la barandilla del barco, su cabeza en ese ángulo horrible, la sangre oscureciéndose bajo él.
Había pasado la noche en la UCI, sentada en una silla incómoda junto a su cama. E







