Mundo ficciónIniciar sesiónLas piernas de Valeria cedieron. Simplemente dejaron de sostenerla, como si los huesos se hubieran convertido en agua. Se desplomó hacia la silla más cercana, pero Enzo la atrapó antes, sus brazos rodeándola, sosteniéndola contra su pecho.
—Mierda,— escupió Carmen, alejándose hacia la ventana, sus manos en los bolsillos, los hombros tensos. —Mierda, mierda, mierda.—







