Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa oficina de la directora era pequeña y asfixiante, con paredes color beige y pósters motivacionales que parecían burlarse de la situación. Lorenzo estaba sentado en una silla demasiado grande para él, los pies balanceándose sin tocar el suelo, su labio hinchado brillando bajo la luz fluorescente. A su lado, otro niño —Pablo, según la placa con su nombre sobre el escritorio de estudiante— t







