Mundo ficciónIniciar sesiónEl silencio de la mansión Costa se volvía cada vez más insoportable. Enzo caminaba de un lado a otro como un animal enjaulado, con el teléfono en la mano y la mirada fija en la última llamada recibida. Habían pasado tres horas desde que Valeria le había dicho que estaría con Alejandro para "aclarar las cosas", y cada minuto transcurrido era como ácido corroyendo sus entrañas.
—Maldita sea —masculló







