La luz de la tarde caía sobre Madrid con esa intensidad dorada que julio sabía regalar, transformando el jardín en un lienzo de sombras alargadas y destellos luminosos. Valeria observaba desde la ventana de la cocina cómo Lorenzo perseguía una mariposa entre las margaritas silvestres, sus risas flotando en el aire cálido mientras Enzo lo seguía con esa vigilancia protectora que nunca había abandonado del todo.
Un año de paz. Un año sin amenazas, sin mensajes cifrados, sin sombras acechando en ca