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La luz de marzo se filtraba a través de los ventanales del palacio con esa calidez particular que solo la primavera madrileña sabía ofrecer. Valeria observaba desde el sofá de terciopelo azul cómo los rayos dorados dibujaban patrones sobre la alfombra persa, creando sombras danzantes que parecían celebrar la quietud de la mañana. Tres meses. Habían transcurrido exactamente tres meses desde aquella noche en el bosque, desde el fuego y el miedo, desde Giuliana Costa y sus cincuenta operativos rode