Dos semanas.
Catorce días exactos desde que Enzo había atravesado las defensas de Valeria en su propio taller, desde que sus labios se habían encontrado en un beso que había reescrito las reglas del juego que habían estado jugando desde Barcelona. Catorce días de silencio calculado, de mensajes breves sobre contratos y números, de conversaciones telefónicas que se mantenían estrictamente profesionales mientras la tensión crecía entre ellos como una cuerda estirada hasta el punto de ruptura.
Y ah